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Breve estudio de la Cena del Señor

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Siendo uno solo el  pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos 

participamos de aquel mismo pan.

 

1 Corintios 10:17

        La cena del Señor o Comunión, fue probablemente el acto más distintivo de la vida cristiana primitiva. Su significado estaba vinculado con el "cuerpo" y la "sangre" de Jesús. Ello no tenía significado para el no creyente, tanto judío como pagano. Debe haber sido la principal razón para que los cristianos se reunieran en el Día del Señor. El presente estudio observará los antecedentes de la institución de la cena, la última cena que el Señor compartió con sus discípulos, y algunos textos importantes del Nuevo Testamento que la tratan. Debe ser notado que la palabra "eucaristía", usada a veces para designar la cena del Señor, se deriva del hecho de que durante la institución de la cena Jesús tomó el pan y dio gracias (la palabra eucaristía significa "dar gracias" o " bendecir"). Así la cena del Señor pronto llegó a ser conocida como la "acción de gracias" (cfr. 1 Corintios 10:16), y frecuentemente se refiere a ella con la palabra griega "eucaristía".

Antecedentes importantes

        Uno de los más importantes antecedentes para entender la cena del Señor es la comida de la Pascua del Antiguo Testamento. Cuando la última plaga hubo visitado a los egipcios, Dios ordenó la comida de la Pascua como la celebración de la liberación de Israel. Pero no sólo había de ser esa comida compartida durante la noche en que el ángel de la muerte visitaría la tierra de Faraón, sino que habría de hacerse en los años por venir (Éxodo 13:10).

        La Pascua debía llevarse a cabo en una casa con la participación de por lo menos, diez hombres. En la tarde, un cordero sin defecto y de un año era inmolado y asado. En la noche, la comida comenzaba cuando el hombre más anciano (y cabeza de la familia) pronunciaba una bendición. Entonces se tomaba la primera copa de vino. Además del cordero, la comida constaba de pan sin levadura el cual era para recordar al pueblo la prisa con que abandonaron el cautiverio egipcio (no hubo tiempo para que la levadura leudara el pan). También había compota de frutas y hierbas amargas; las hierbas recordaban la amargura de la vida en esclavitud. En tiempos de Jesús la gente también cantaba los más adecuados salmos de alabanza en la comida (Salmos 113-118).

        Hay que notar especialmente la seriedad y alta significación de la comida de la Pascua. Tan central era la Pascua para la fe judía en tiempos de la iglesia primitiva que cada año la población de Jerusalén se duplicaba con la visita de los judíos que venían a celebrar la Pascua.

        Otras importantes ideas del Antiguo Testamento también ayudan a comprender el significado de la cena del Señor entre los primeros cristianos. Son las comidas del pacto que acompañaban muchos de los más significativos eventos del Antiguo Testamento. Por ejemplo, la comida que Abraham compartió con los mensajeros del Señor quienes renovaron la promesa de un hijo (Génesis 18); también la comida compartida por Jacob y su suegro como señal de que habría paz entre ellos (Génesis 31). Por todas partes hay descripciones de la venidera salvación de Dios, en términos de un gran banquete que sería compartido por los fieles (Isaías 25:6-10). Esta imagen del banquete continúa en las propias enseñanzas de Jesús (Mateo 8:11,12; Lucas 13:39; 22:29,30).

Antecedentes en la vida de Jesús

        Jesús, en su ministerio terrenal, no tomó parte en la comunión que ahora es practicada por los cristianos. El no pudo hacerlo puesto que la comunión recuerda la muerte del Señor, No obstante, antecedentes muy importantes que enriquecen el entendimiento sobre la cena del Señor se encuentran en el ministerio de Jesús. De primordial importancia son los relatos de su última cena compartida con los discípulos en la noche de su arresto.

        La última cena fue una comida de Pascua. Sin embargo, puede haberse efectuado a una hora inusitada tal como se indica en la cronología del evangelio de Juan. Jesús envió a algunos de sus discípulos adelante a Jerusalén para localizar una casa en la que pudiera comer la Pascua. Aunque no se hace referencia al cordero que habitualmente se comía, los evangelios hablan de los peculiares eventos relacionados con el pan y la copa ocurridos mientras Jesús y los doce estaban comiendo.

        La comida que Jesús compartió con los discípulos tenía un peculiar significado porque unió dos pactos. La comida de Pascua era el emblema del Antiguo Testamento o Pacto y fue compartida por Jesús en recordación de la historia de los acuerdos de Dios con su pueblo, Israel. Sin embargo, estaba llena de nuevo significado -también simbolizaba un Nuevo Pacto-. En la Pascua se daba al pan especial significado. Cuando él tomó el pan, lo bendijo, y lo partió para ser distribuido entro los doce, él interpretó el significado del pan como su propio cuerpo, o él mismo (Marcos 14:22-25 y paralelos). La misma cosa fue hecha con la copa, acentuando su significación única como la entrega de su vida.

        El pan y vino de la última cena recuerdan las comidas del pacto Antiguo Testamento, y el sacrificio de la propia vida de Jesús. En la ley Levítica la sangre y la carne del sacrificio eran consideradas como dos sacrificios (Levítico 8:14-21). Así mismo, tanto el pan como el vino son igualmente parte de la cena. Esta comida fue altamente significativa para Jesús. Fue una ocasión de gozo porque Jesús había deseado comer la Pascua final (Lucas 22:15). No obstante fue también una ocasión triste porque precedió a la traición por uno de los suyos. Al decir que uno de los que estaba comiendo con él lo traicionaría, Jesús no lo hacía para señalar a Judas (los discípulos preguntaban, "¿seré yo?", porque no sabían quien sería). Mas bien, la afirmación de Jesús señala la enormidad del crimen de uno que está compartiendo una comida de pacto y traicionando la confianza.

        Aunque la última cena haya tenido probablemente la mayor influencia en el modo en que los cristianos entendieron la cena del Señor, hubo también otras comidas importantes que Jesús compartió con sus discípulos después de su resurrección. En la aparición a sus discípulos no lo conocieron al hablarle; pero cuando estaba a la mesa con ellos, tomó pan, lo bendijo y lo partió. Lucas nos dice, "Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista" (Lucas 24:31). Luego fue a Jerusalén a estar con los once allí reunidos, y los convenció de que no era espíritu al comer un trozo de pescado con ellos (Lucas 24:36-43; cfr. Juan 21:9-14). En su sermón a Cornelio, Pedro señala que los discípulos están calificados para ser testigos del Señor por haber comido y bebido con el Señor después de resucitado. En cada caso la "comunión de la mesa" que Jesús compartió con sus discípulos después de su resurrección les infundió fe y renovó su confianza.

La cena del Señor en 1 Corintios

        La primera a los Corintios es una epístola crucial para entender la cena del Señor. En ella se encuentra el único tratado extenso de la cena del Señor en el Nuevo Testamento. En 1 Corintios 5:6-8 la cena es tratada con términos relacionados con la comida de la Pascua. Pablo menciona el pan sin levadura y pinta a Cristo como el cordero pascual sacrificado en pro de los cristianos. Además, hay que anotar que la comunión es usada como base para atacar la inmoralidad en la iglesia de Corinto.

"Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad" 

1 Corintios 5:8

        También es impoprtante para entender la cena del Señor analizar 1 Corintios 10. Después de explicar la presencia de Cristo durante el Exodo de Egipto, Pablo encara el problema de los Corintios de comer lo sacrificado a los ídolos. Aquí la cena del Señor es descrita como una "comunión" (versión R.V.). La palabra griega usada es koinonía, traducida en el Nuevo Testamento como "compañerismo", "comunión" y "participación". Su principal significado es "aquello que es compartido por un grupo en particular". Los cristianos pertenecen a una comunidad que está formada por un Nuevo Pacto, representado por la sangre de Cristo (Mateo 26:28). Comer esta comida del pacto expresa la participación mutua de aquellos que pertenecen al Nuevo Pacto. La participación en la comida explícitamente elimina todos los otros pactos (en este caso con los demonios 1 Corintios 10:21).

        Al comer, los cristianos tienen comunión o compañerismo no sólo con Cristo, sino unos con otros. En un sentido, es la participación en la comunión por los creyentes lo que los hace ser una iglesia. "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan" (1 Corintios 10:16,17 versión R.V.). Es al participar que los miembros se convierten en compañeros tanto del Señor como de los otros cristianos. Por esta razón está mal ser compañero de los ídolos y también participar de la "comunión de la mesa".

        El más extenso tratado acerca de la comunión se encuentra en 1 Corintios 11. Aquí Pablo ataca la manera en que la cena del Señor se celebra en Corinto. Las palabras usadas para enseñar la práctica de la cena son las mismas de los evangelios, con la adición de "Cada vez... memoria de mi". Hay muchos aspectos por tratar acerca de la cena en este capítulo. Primero, ¿cuál es el propósito de la comunión?, segundo ¿qué es lo que se quiere decir al hablar de comer y beber de manera que se honre a Dios? Tercero, ¿cuál es el resultado de una participación deshonrosa?

        Uno de los propósitos de la comunión es servir como memorial. Pero la cena del Señor como memorial o recordatorio no debe ser tomada como un velorio o funeral. No se hace un servicio fúnebre por alguien que está vivo-resucitado de la muerte. El antecedente aquí es la comida de la Pascua la cual fue tratada anteriormente. Al dar las instrucciones para la Pascua, Dios dijo a Moisés: "Y te será como una señal sobre tu mano, y como un memorial delante de tus ojos, para que la ley de Jehová esté en tu boca; por cuanto con mano fuerte te sacó Jehová de Egipto" (Éxodo 13:9). Esta Pascua siempre sirvió para permitir a los judíos sentirse parte del grupo original que presenció cómo Dios los liberó de Egipto. Por siglos durante la Pascua los judíos se reunían en Jerusalén para recordar el Éxodo y renovar el pacto. Ellos rodeaban la mesa con las sandalias puestas y el bastón en la mano como listos para un viaje apresurado. Llevaban puestos sus sombreros y comían de prisa. El frente de sus ropas estaba arreglado como en preparación para salir de carrera sin encontrar tropiezo. Pero todos sabían que a la mañana siguiente no tendrían que ir a ninguna parte, porque habían pasado siglos desde el éxodo y ahora vivían en esa tierra.

        La cena del Señor sirve como un memorial similar para los cristianos. 

        Como el judío proclamaba a Moisés y la huída de Egipto, el cristiano trae al presente para sí mismo el perdón de los pecados. Así como el judío pensaba en el cordero inmolado en lugar de su primogénito, el cristiano recuerda a Cristo nuestro cordero pascua¡ (1 Corintios 5:7). Así como el judío recordaba la entrega del pacto en el desierto, el cristiano bebe el testimonio de la sangre vertida por el Nuevo Pacto. En esta forma, los cristianos recuerdan y participan en la última cena, la agonía en Getsemaní, y el Calvario, y el triunfo de la resurrección. Y todo esto con los ojos de la fe.

        Un segundo propósito que da Pablo es el de proclamar la muerte del Señor. La comunión "predicaba" la muerte del Salvador. En realidad la misma palabra usada aquí en 1 Corintios 11:26 es usada en 1 Corintios 9 al referirse a predicar a las naciones. Así al participar de la cena del Señor, todo el cuerpo de cristianos proclama lo que Dios ha hecho en la muerte de su Hijo. El antecedente de esto son los diferentes actos simbólicos cumplidos por los profetas del Antiguo Testamento. Ellos frecuentemente "predicaban" sus sermones con hechos más bien que con palabras. La mejor ilustración de un sermón por los hechos es el enfrentamiento entre Jeremías y el falso profeta Hananías por la alianza del Rey Sedequías. El apareció ante el rey llevando un yugo al cuello como una profecía de que Judá sería tomada cautiva. En cambio el falso profeta Hananías quitó y rompió el yugo, clamando que la profecía de Jeremías sería rota del mismo modo. Luego Jeremías volvió con un yugo de hierro en lugar de madera, que no podría romperse (Jeremías 28: cfr. Ezequiel 4-5).

        Jesús mismo empleó este método dramático de proclamación al comer la última cena y hacer una parábola de su muerte por los pecados de muchos. Los cristianos de hoy, como en tiempos de Pablo, "predican" la muerte de Jesús y su significado como sacrificio por los pecados, al tomar la cena del Señor. Si Dios se ve mejor en Cristo (Juan 1:18) entonces, hoy, Cristo es mejor proclamado en la cena del Señor.

        Finalmente la cena ha de tomarse hasta que él venga. Esto, sin embargo, no debe ser entendido como que el Señor ahora está ausente.

        El está presente en el vínculo de la comunión (Juan 6:53-58; cfr. Mateo 18:20; 28:20; Apocalipsis 3:20). Pero claramente hay otra dimensión esperada para el futuro. Así los cristianos participan con la mirada puesta en la venida del Señor. La iglesia vive con un "ojo desvelado" esperando la venida del Señor en gloria. Jesús mismo habla de un tiempo futuro en que muchos, incluyendo a Abraham, Isaac y Jacob compartirán una comida (Lucas 13:28 y sigs.). Los cristianos viven con la oración, " ¡Señor nuestro, ven! " (1 Corintios 16:22). Apocalipsis describe una fiesta futura para ser disfrutada por los fieles (Apocalipsis 19:9). Por eso los cristianos toman la cena del Señor con la esperanza de la consumación de la era presente.

        Volviendo ahora al problema de comer "deshonrosamente", hay que establecer que "participar en forma no honrosa" no significa cuando uno se siente "indigno". Pablo ha dejado bien claro en Romanos 3 que nadie es justo. "Dignamente" no se refiere a la calidad de rectitud de uno. Ni hay ninguna indicación de que participar en forma no honrosa o indigna significa no lograr una buena imagen mental de Jesús en la cruz. Por cierto se espera que uno participe en la cena con la apropiada seriedad y reverencia. Pero hay que recordar que la cena no es una comida en honor a un Señor muerto. Cristo ha resucitado. La cena se toma el primer día de la semana, el día de la resurrección. Por tanto el humor de la comunión no debe ser totalmente triste.

        El significado de la afirmación de Pablo: "Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí" (1 Corintios 11:29) tiene que ser buscado en el problema total de la iglesia en Corinto. Ellos se caracterizaban por el divisionismo y la altanería acerca de los dones espirituales. Los cristianos "fuertes" despreciaban a los débiles. Pablo describe la comunión como la hermandad del cuerpo de Cristo (10:14 sig.). Participar del pan era lo que hacía que muchos miembros fueran un solo cuerpo (10:17). La comunión estaba destinada a significar la unidad de Cristo y los creyentes, y especialmente la iglesia unificada como el cuerpo presente del Señor.

    "Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular" (1 Corintios 12:27). La iglesia corintia participaba de la comunión de la comida sin ninguna comunión entre sí. Para los corintios,  posiblemente influidos por las religiones griegas misteriosas, la cena del Señor se había convertido en una poción mágica para cada individuo. La "comunión" entre los miembros se volvió poco importante. No se esperaban los unos a los otros para comer; ni les importaba a los que tenían abundancia, avergonzar a la iglesia con su glotonería y borracheras. Así, participar indignamente significa tomar la cena del Señor -la cual es símbolo de la unidad de los cristianos en Cristo- en una forma que ignore o fragmente la unidad de su cuerpo presente, la iglesia.

Otros pasajes relativos a la comunión

        Resta otra consideración acerca de la cena del Señor. La palabra griega ágape significa "amor" y es ampliamente usada en el Nuevo Testamento. En algunos lugares se emplea en conexión con la cena del Señor, y tiene el especial significado de una comida común compartida por los miembros tal vez en conexión con la cena del Señor (p. ej. Judas 12). Puesto que las reuniones de la iglesia eran momentos en que esclavos y amos se sentaban juntos ante el Señor, era apropiado que compartieran una comida (tal vez los esclavos sólo llevaban el apetito). Tales oportunidades exhibían el amor común y la esperanza compartida por los cristianos y sin duda eran ocasiones de verdadero gozo.

        En el Nuevo Testamento se habla de las fiestas de amor, refiriéndose específicamente a los abusos cometidos. En 2a. Pedro 2:13 hay una descripción de ciertos falsos maestros que "son una vergüenza y un escándalo mientras les acompañan a ustedes en sus fiestas". Una descripción similar se encuentra en Judas 12. Hay otras posibles referencias a esta práctica de una comida en común en las iglesias de Jerusalén (Hechos 2:46) y en Troas (Hechos 20:11) si "partir el pan" es usado en un sentido más usual de compartir una comida. Si bien, no está explícitamente establecido, es probable que tales abusos estén relacionados con problemas similares a los descritos en 1a. Corintios 11.

        El evangelio de Juan no tiene un relato de la última cena. Tiene, sin embargo, una lección acerca del verdadero pan y de la verdadera bebida en la cual Jesús parece hablar del significado de la comunión (Juan 6:35-58). Es una interpretación espiritual del significado de la cena, del mismo modo que la conversación con Nicodemo en Juan 3 es un tratado acerca del bautismo. Así, después de haber alimentado a los 5,000, la multitud sigue a Jesús al otro lado del lago Tiberias y pregunta acerca del maná. La expectativa popular, entre los judíos, era que el Meslas vendría durante la Pascua y proveería maná como Moisés lo había hecho. Esta expectativa subyace en la frase "pan del cielo".

La respuesta de Jesús acerca del maná se divide en dos partes, ambas contrastan la comida perecedera con la comida que dura por la vida eterna. La primera parte (Juan 3:35-50) describe a Jesús como "el pan que bajó del cielo". El es la presencia de Dios entre los hombres (en contraste con Moisés, Juan 6.44,47). Esta afirmación trae a la mente 1 Corintios 10:1-4 donde Pablo comienzo su advertencia acerca de la mesa del Señor y la mesa de los demonios recordando los antepasados que comieron comida espiritual (maná) y tomaron agua espiritual en el desierto, Pablo concluye que Cristo fue esa bebida espiritual, y en el presente pasaje Cristo es descrito como el pan espiritual.

La segunda parte de la discusión acerca del verdadero pan (Juan 6:51-58) se relaciona más explícitamente con la cena del Señor. Jesús describe su cuerpo y sangre como verdaderos en el sentido de tener real valor como verdaderos en el sentido de tener real valor como comida y bebida. Aquel que participa permanece en Jesús y Jesús en él (Juan 6:56). La afirmación de Jesús "El pan que yo os daré es mi propio cuerpo. Lo daré por la vida del mundo" Juan 6:51, es muy parecida a las palabras "Este es mi cuerpo entregado a muerte por el bien de ustedes" Lucas 22:19. He aquí una interpretación del significado de  la mesa del Señor con referencia especial a su naturaleza dadora de vida.

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